lunes, 3 de diciembre de 2007

Le pasó a... Chema Lera

Publicado por Chema Lera en su blog y reproducido con autorización del autor:


«Ya me lo habían dicho. Pero ayer la ví con mis propios ojos. Estaba camuflada en medio de otras 100 o 200 como ella. El cierzo, aunque suave, agitaba la sábana de la que colgaba, apenas protegida tras uno de los arcos del Paseo Independencia. Era tan pequeña, tan difícil de distinguir entre la multitud...

Mientras la miraba, recordé cuándo dibujaba su rostro. De eso hacía ya más de un decenio. Retraté la cara de un duende de los Pirineos, tocado con una especie de goina imaginaria terminada en punta y adornada por un sonoro cascabillo. El dibujo ilustra la contracubierta de mi libro "Breve Inventario de Seres Mitológicos, Fantásticos y Misteriosos de Aragón" que editó Prames en 1999 y reeditó en el 2002.

Pero ahora, el duende ha hecho de las suyas. Esta ilustración ha aparecido impresa en una chapa en uno de los puestos de venta callejera que jalonan las calles de Zaragoza y no sé si de algún otro sitio. Sin que su creador, o sea, yo mismo, tuviera ni arte, ni parte, ni, por supuesto, ningún beneficio. Nadie me preguntó si me importaba que la cara del duende pirenaico fuera a imprimirse en una chapa, alcanzando la categoría de icono, como un menudo Che de nuestras montañas ibéricogalas. Alguien, no lo califiquemos de pirata, posiblemente sea sólo un infeliz pícaro sacacuartos, pensó que ese dibujo colgado de internet en una página con licencia de Creative Commons que permite el uso personal y no lucrativo de las imágenes, citando el nombre del autor, o sea yo, sin que haya ninguna transformación, y contando con el consentimiento expreso del autor, o sea yo, ese dibujo, digo, le iba a servir para ganarse cuatro perras sin compartirlas con el dibujante que puso el esfuerzo, el tiempo, el arte, la creatividad, la imaginación, la ilusión, y que lo concibió para formar parte de una obra más extensa.

Si me hubieran pedido permiso para hacer chapas con la cara de mi duende pirenaico, posiblemente lo hubiera dado y no hubiera pedido a cambio nada más que unas cuantas chapas para mí. Si véis la chapa por ahí, sólo os aviso de que cuando fui a comprarme mi propia chapa con mi dibujo, me pidieron ¡un euro! por ella, lo que, a todas luces, es un robo.

No me quejo de que me robaran la ilustración. Posiblemente el vendedor no se hará rico con la venta de mi chapa, y sólo servirá para complementar alguna economía con dificultades, un fin solidario que -si es así- me enorgullece y alegra. Tampoco me siento excesivamente estafado. Conozco el riesgo de malos usos que supone exponer obra en Internet, y lo asumo a cambio de compartirla con amigos, con gente a la que le guste y que además pueda servirme de promoción. La sensación de descubrir mi dibujo rondando por ahí es parecida a la decepción de un padre que prepara con todo el cariño una comida espléndida para su hijito y, en un descuido, descubre que se la ha zampado el perro del vecino.»